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Mg. Ariel Hartlich, Comunicador y docente
08/07/2020
La Histórica Casa la Independencia y Nuestra América
La Histórica Casa la Independencia y Nuestra AméricaEn abril de 1815, tras la renuncia de Carlos María de Alvear como Director Supremo, cayó el poder de la Asamblea del año XIII, que había sesionado en Buenos Aires hasta el 24 de enero de ese año. De esta forma, a partir de 1815 el poder legislativo fue ejercido por la Junta de Observación.

Esta Junta sancionó el cinco de mayo un "Estatuto Provisional para la Dirección del Estado", con el objetivo de regir los actos del Director Supremo y de los gobiernos provinciales; el que si bien nunca se puso en práctica, en su artículo 30 establecía que el Director “luego que se posesione del mando, invitará, con particular esmero y eficacia, a todas las ciudades y villas de las provincias interiores para el pronto nombramiento de diputados que haya de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en la ciudad de Tucumán”

Así, la convocatoria al Congreso fue hecha efectiva en el segundo semestre de 1815, cuando el Director Supremo sustituto Ignacio Álvarez Thomas convocó a cada provincia a elegir un diputado por cada 15.000 habitantes. De esta forma, el plenario se reunió en Tucumán al año siguiente y sus sesiones se iniciaron el 24 de marzo con la presencia de 33 congresistas, para lo cual se alquiló la casa de Francisca Bazán de Laguna. Allí, además de la independencia, el día 20 de julio de 1816 se consagró definitivamente como emblema nacional el pabellón celeste y blanco, enarbolado por Manuel Belgrano por primera vez a orillas del Río Paraná, el 27 de febrero de 1812.

Debemos señalar que la Casa de Tucumán fue construida en la década de 1760. Sus instalaciones, luego de la Batalla de Tucumán en 1812, fueron utilizadas como cuartel; y en 1815 el Estado las alquiló para instalar la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra. A inicios del siglo XX fue demolida, solo se conservó el salón histórico; y fue recién en el año 1941 que se declaró Monumento Histórico Nacional, comenzando su reconstrucción. Luego, el 9 de julio de 1947 Juan Domingo Perón proclamó en ese mismo sitio nuestra Independencia Económica. Es decir, fue en esa vivienda, olvidada, demolida y reconstruida donde los y las argentinos/as nos declaramos independientes política y económicamente, resultando un legado que debemos asumir con honra y patriotismo.

¿Pero fuimos solamente los argentinos quienes sesionamos en su salón histórico en 1816? Éste interrogante surge al leer el acta de nuestra Independencia, cuando observamos que en ese documento fundacional de nuestra nacionalidad no se menciona a la Argentina, sino que en él se declaró la Independencia de las “Provincias Unidas en Sud América”.

Y mucho más aún se profundiza el interrogante cuando advertimos que aquella emblemática asamblea presidida por Francisco Narciso de Laprida, estuvo integrada por diputados de las provincias de Buenos Aires, Salta, Catamarca, Jujuy, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja y San Juan, pero también por las de Chichas, Charcas y Mizque que hoy integran el Estado Plurinacional de Bolivia, región de donde además fue oriundo nuestro primer jefe de estado, Cornelio Saavedra, nacido en 1759 en Otuyo, departamento de Potosí.

Resulta revelador que el acta de nuestra independencia fue impresa en idioma quechua y aymara al mismo tiempo que en castellano, siendo éste un hecho silenciado totalmente por la cultura hegemónica eurocéntrica. Con todo esto quiero señalar que el valor de la letra impresa que nos dejó aquella histórica casa y sus congresales, porta el mismo sentido que nos legaron nuestros libertadores con el filo de sus espadas, es decir que la causa de nuestra independencia es la de la emancipación de Nuestra América.

No en vano la restauración neoliberal del último quinquenio se empeñó en desarticular los esfuerzos por la reunificación regional que se alcanzaron en el siglo XXI y se materializaron en la creación de organismos como CELAC y la UNASUR. Los que hoy debemos reconstruir si verdaderamente honramos nuestro compromiso irrenunciable con la independencia y la libertad.

Porque en definitiva, este 9 de julio debe servirnos para que los/as argentinos y argentinas revaloricemos la propia historia, amarrada indisolublemente a nuestra Patria Americana, donde resuenan una y mil veces los interrogantes que dirigió el General San Martín a los congresistas reunidos en Tucumán en aquel año 1816 convocándolos a la emancipación nacional: “¿Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? Los enemigos, y con mucha razón, nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. (…) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.