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Prof. Santiago Flecha, Sociólogo y docente
11/05/2020
Pandemia, excarcelaciones y repudio
Pandemia, excarcelaciones y repudioSe considera epidemia a una enfermedad que ataca a un gran número de personas durante un mismo período de tiempo. El término proviene del griego, “epi” significa “por sobre” mientras que “demia” deriva de “demos” que alude a “pueblo”. Cólera, tifus, fiebre amarilla, viruela son algunos de los morbos que afectaron a distintas poblaciones a lo largo de la historia.

La peste bubónica en el siglo XIV se propagó por Asia, Europa y África provocando la muerte de millones de personas. Su propagación la produce la picadura de pulgas infectadas.
También ocasionó millones de muerte la gripe española de 1918. Recibió el nombre de española debido a que la prensa del país ibérico brindó exhaustiva información sobre su mortífero desarrollo.
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El arte se ocupó de las epidemias, Tal es el caso de El Decamerón de G. Boccaccio. En dicho escrito diez jóvenes se refugian en las afueras de Florencia escapando de la peste bubónica. La trama de Muerte en Venecia de Thomas Mann, transcurre en la pintoresca ciudad amenaza por el cólera. El destacado cineasta Luchino Visconti llevó la historia a la pantalla.

En 1947 conoce la luz La Peste, libro escrito por Albert Camus. La historia transcurre en la ciudad argelina de Orán bajo los estragos de la peste bubónica.
En nuestro país, con epicentro en Buenos Aires, pueden recordarse las epidemias de cólera (1867) y de fiebre amarilla (1871).

Los primeros casos de la fiebre amarilla afectaron al sur de la ciudad, residencia de los sectores privilegiados. El desagradable suceso provocó el traslado de dichos sectores hacia el norte de la comarca. Con el arribo de la epidemia comienza a prefigurarse el Cementerio de la Chacarita.

En 1956 la epidemia de poliomielitis ocasionó alrededor de 6.500 afectaciones. La enfermedad que tuvo a los niños como principales víctimas, causó muerte o parálisis.

LIBERACIONES
En el marco de la pandemia, la opinión pública se vio alertada por la liberación de presos. En el comienzo del pasado mes de abril se le otorgó a A. Boudou el arresto domiciliario. Poco tiempo después llamó la atención la presentación de masivos pedidos, solicitando similar medida. El beneficio otorgado al ex vicepresidente, negado anteriormente, abrió la compuerta. Centenares de presos posteriormente se beneficiaron con la detención domiciliaria, sin que las autoridades carcelarias puedan ejercer sobre ellos un adecuado control. En el territorio bonaerense los beneficios fueron mayores. Como si fuera poco entre los beneficiados se encontraron convictos por violaciones y homicidios.

Cuesta creer que el gobierno fue ajeno a la medida, Con el repudio generalizado se puso el atuendo republicano y manifestó que la decisión se debió exclusivamente a decisiones de los jueces, con el propósito de proteger a los detenidos. Subyace el temor que las excarcelaciones terminen beneficiando a los amigos del elenco gobernante, aquellos que el kirchnerismo denomina “presos políticos” y que en rigor son políticos presos.

El tronar de las cacerolas, puso de manifiesto el rechazo generalizado a las excarcelaciones. Se batieron las cacerolas en diversos sitios, No se trató de una cuestión de ricos contra pobres como algún trasnochado pretendió catalogar. La pobreza no desemboca necesariamente en acciones delictivas como pretende establecer un análisis simplista. Infinidad de individuos con innumerables carencias salen de sus hogares para forjar un futuro mejor. Son estas personas generalmente quienes más sufren la acción delictiva.

La pandemia puso al descubierto problemas preexistentes como las malas condiciones de las cárceles y el hacinamiento. Elementos que poco colaboran con la reinserción. Además nadie desconoce la existencia de perversas pautas como la del violador ultrajado. La manera de cuidar a los detenidos consiste en la mejora de la situación durante su permanencia y en la inhabilitación de prácticas denigrantes, de ninguna manera en la supresión de la pena o en la excarcelación. La condición humana de la persona que delinquió no cesa. Debe ser protegida y preservada su salud sin apartarse de los fallos condenatorios.

Es tiempo de cuidar principalmente al ciudadano que cumple, que sale a trabajar o abre su negocio. Protegerlo frente al delincuente. También de atender a las víctimas de delitos y a sus seres queridos, de preocuparse o recordar a aquellos que sufrieron la injusticia, a veces con la pérdida de su integridad o de lo más valioso que es la vida.

No pueden equiparse víctima y victimario. No son lo mismo, no pueden igualarse como perjudicados por circunstancias sociales desfavorables, como pretende cierto “progresismo”. Habrá que recalcar que el delito y el crimen no son un reflejo condicionado frente a una existencia atravesada por la adversidad. En todo acto delictivo o criminal hay una víctima, que merece la principal atención, y un victimario.