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Lic. Romina Paoloni Dir. Analysis Consulting
16/04/2020
Los niños en la cuarentena (Parte II)
Los niños en la cuarentena (Parte II)Permitamos que se aquieten.

En estos tiempos se les ha de proponer a los niños numerosas actividades para su entretenimiento: desde cocinar con los adultos, colaborar en las tareas hogareñas, realizar manualidades, regar plantas, e infinidad de juegos para compartir con aquellos que están a su cuidado. Es muy interesante que puedan tomar contacto con áreas poco conocidas por ellos y con prácticas que simultáneamente los enriquezcan y diviertan; pero siempre contando con su disposición.

Considero que no debemos agobiarlos con dichas actividades ni creer que si se encuentran experimentando un tiempo ocioso no están siendo productivos. Pareciera que los impulsamos a que siempre deban estar “haciendo algo”.

Tengamos en cuenta lo siguiente: decíamos con anterioridad que los niños pueden sentirse algo tensionados y tristes por el aislamiento preventivo que estamos vivenciando. No está mal que en algún momento del día no hagan nada… No deberíamos presionarlos para que se entretengan; ellos mismos nos harán saber si necesitan entretenimiento…

PERMITAMOS QUE SE AQUIETEN. Ya que la naturaleza nos obliga a aquietar nuestra vorágine diaria -para re-pensarnos, promover cambios, evolucionar, corregir nuestros errores, bucear en nuestro interior, silenciar-, no convulsionemos a los más pequeños con incesantes ocupaciones. Ellos también requieren calmar, aflojar, disminuir la velocidad…

En este sentido, los invito -como en el artículo anterior-, a buscar recursos para lograr una serenidad que sirva de base para formar individuos que no se estresen fácilmente en la vida adulta. Creo en la eficacia de breves meditaciones para niños o ejercicios de “Mindfulness”, (que se pueden encontrar en Youtube) para que aprendan a concentrarse sólo en la respiración, y puedan aquietar cuerpo y mente por unos instantes. Esta “pausa” la podrán replicar las veces que sea necesario durante su vida futura…

Otro de los aspectos a tener en cuenta es no sobrecargarlos de información con respecto a la realidad contextual. Puede que sientan miedo, y este cúmulo de datos será percibido como una “avalancha” que no alcanzan a procesar. Por el contrario, debemos disipar sus tensiones. Aunque los adultos también las sintamos, seguramente tendremos mayores recursos que los niños para enfrentarlas y poder aliviarlos.

Vayamos encontrando lo apropiado para cada caso: el pequeño hiperactivo requerirá de una rutina de ejercicios físicos, el niño que vuelca su ansiedad en la alimentación requerirá mayor atención en este aspecto (aumento o pérdida de apetito), el que posee dificultades para expresar sentimientos y emociones requerirá de mayor diálogo para evitar que ello agudice. Cada familia deberá contemplar las características de sus menores para ir encontrando la forma o estilo de atravesar este tiempo tan especial.

Lo importante para todos los casos es transmitirles la idea de que este período tuvo un momento inicial y tendrá un momento final. ¡No será así para siempre! Los mismos adultos debemos tomar consciencia de que lo transitorio no ha de ser lo permanente.

Así como los niños constituyen uno de los grupos más vulnerables -a los que debemos cuidar en todas sus dimensiones-, son ellos los que nos aportan la fuerza interior que necesitamos para sortear los obstáculos que se nos presentan, constituyendo nuestro mayor motor y nuestro tesoro más preciado.

Lic. ROMINA PAOLONI
Socióloga USAL - Directora de “Analysis Consulting”