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Manuel Jaramillo Dir. Fund. Vida Silvestre Arg.
16/04/2020
Tras la pandemia, un mundo naturalmente diferente (Parte 2)
Tras la pandemia, un mundo naturalmente diferente (Parte 2)Entre las múltiples tragedias que posiblemente genere esta pandemia hay una que, como sociedad global, podemos y debemos evitar: “volver al mundo” como si nada hubiera pasado y cometer los mismos errores. Eso sería irresponsable e incluso evidenciaría una falta de inteligencia de nuestra parte.
Cuando los ecosistemas se modifican o destruyen y se alteran los equilibrios ecológicos, se facilita la propagación de patógenos, aumentando el riesgo de contacto y transmisión al ser humano.

Hay que recordar que el 70% de las enfermedades humanas tienen origen zoonótico, pero la realidad es que virus y bacterias han convivido con nosotros desde siempre y se distribuyen entre las distintas especies sin afectar al ser humano en hábitats bien conservados. Una naturaleza sana, con biodiversidad conservada es el mejor amortiguador de pandemias.

Cuando todo esto pase, o al menos empiecen a reactivarse las actividades, muchos países (incluido el nuestro) van a necesitar un fuerte estímulo a la producción. Pero la reactivación económica no puede ser a cualquier costo, existen otras formas de producir y es momento de redefinirlas.

Es importante que, en ese sentido, busquemos alternativas sustentables que nos permitan compatibilizar la producción con la conservación de nuestros ambientes naturales. Existen posibilidades de satisfacer las necesidades económicas y las expectativas razonables de crecimiento y, a la vez, garantizar que nuestros recursos naturales estén disponibles para nosotros y para las generaciones futuras.

Asegurar la producción de alimentos sanos y saludables en las proximidades a las ciudades, promover la agricultura urbana y apoyar con incentivos fiscales y económicos a la producción agroecológica permitiría, por ejemplo, menores costos de transporte y menor desperdicio de alimentos; a la vez que aumentaría la demanda de mano de obra en los sectores de mayor necesidad. Asociado a esto, la promoción de la economía circular facilitaría la optimización del uso de los recursos naturales, antes que se transformen en basura. Así podríamos reducir nuestra huella ecológica y generar oportunidades genuinas de desarrollo local, con especial foco en las comunidades más vulnerables.

La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la reducción de contaminantes forman parte de acuerdos internacionales firmados por nuestro país y ratificados por el Poder Legislativo.

La deforestación para agricultura ganadería y otros usos de la tierra representa el segundo sector que genera más emisiones de efecto invernadero en nuestro inventario nacional. Además, las consecuencias de la deforestación se traducen en la pérdida de servicios ecosistémicos, el empobrecimiento de comunidades locales y ponen peligro la resiliencia de los sistemas agrícolas, siendo más vulnerables a los efectos del cambio climático. Es por eso, que un adecuado manejo de estas actividades y una correcta protección de estos ecosistemas, podría disminuir dichas emisiones –alcanzando los compromisos asumidos-, dar sustento a la vida de las comunidades locales, fomentar la seguridad alimentaria y promover un desarrollo económico sostenible.

Fue necesaria una pandemia y la amenaza que ello implica, para que quede evidenciada la necesidad de cambiar la forma en la cual nos relacionamos con nuestro planeta. Hay muchas estrategias que permiten combinar lo económico, lo social y lo ambiental y no podemos seguir esperando para ponerlas en marcha. Necesitamos promover un Nuevo Acuerdo entre la Naturaleza y las Personas de forma urgente. Desde la Fundación Vida Silvestre Argentina trabajaremos en ese sentido renovando nuestro compromiso asumido hace ya más de 43 años. Invitamos a todos a asumir el compromiso con nosotros.

Manuel Marcelo Jaramillo, Director General de Fundación Vida Silvestre Argentina.