Edgardo Andrew, de 17 años, fue el único joven argentino que se subió en Southampton al barco más grande del mundo sin desearlo. Fue una de las 1522 víctimas del naufragio y antes de morir, le cedió su salvavidas a una maestra inglesa.
Hubo al menos un pasajero que se subió en Southampton al barco más grande del mundo sin desearlo: el argentino Edgardo Andrew, de 17 años. Hasta dejó su desgano por escrito. La fría noche del 14 al 15 de abril de 1912 Andrew integró la lista de 1522 víctimas del naufragio más impactante -y metafórico- de la historia.
Según se supo después, el único argentino del Titanic, pasajero de segunda clase, tuvo una muerte heroica. Le cedió su salvavidas a una maestra inglesa, que no sólo consiguió salvarse, sino que vivió hasta los 100 años.
Pero acaso más singular fue la forma en la que este riocuartense se refirió a su destino apenas dos días antes de embarcarse, en una carta que le escribió desde Bournemouth a su amiga porteña Josefina Cowan. \"Josey\", como le decían en el ámbito de los inmigrantes ingleses al que también pertenecía la familia Andrew, vivía en el barrio de Belgrano y se aprestaba a visitarlo en Inglaterra.
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